@BeruHernandez

“Preludios, las otras partituras de Dios” es el nombre de la cinta; Rafael Rangel el cineasta, una película entrañable, inspirada por un ambiente que él vivió en carne propia: la esquizofrenia que padecen las personas que, por una u otra circunstancia, tienen que vivir en las calles.

Este realizador estuvo este martes en el foro de Excelsior Tv para contarnos sobre este maravilloso documental, “Me di cuenta que todos los indigentes tenían esquizofrenia en menor o mayor grado y fue así como me deje llevar por el tema, pero sin darle un enfoque clínico, quise apoyarme más en la filosofía y abordarlo desde ese punto de vista”, nos contó.

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“A la hora de grabar me encontré con un número inmenso de personas, tenemos filmadas alrededor de 50 obras, sin embargo, en la posproducción con mucho dolor tuve que dejar cosas fuera para que quedara una película de hora y media, porque no me gusta abusar del público con películas muy largas”, aseguró este director.

Y es que este admirable trabajo de documentación, abarca un asunto que atañe a la sociedad en conjunto, un problema ante el que todos presumimos conmoción, pero del que existen pocas acciones reales. “Nosotros vemos a estas personas desde un punto de vista en el que no podemos comprender la vida que llevan, pero si nos quitamos los prejuicios de lo que significan las comodidades, podríamos ver que ellos son muy felices, sus códigos y necesidades son diferentes, yo no veo a las personas desde su podredumbre, si no desde su propio gozo”, fue lo que externó este cineasta, no obstante, aclaró que esa es sólo su opinión y no necesariamente debe ser la de los espectadores.

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El largometraje documental “Preludios, las otras partituras de Dios” ya se exhibe en la Cineteca Nacional desde hace dos semanas, a las 4 de la tarde y un par de horas después, a las 8 de la noche, además ya hay planes de presentaciones en San Francisco, y Los Ángeles, entre otros lugares. Sin duda, este tipo de historias se agradecen, y hasta ahora ha tenido muy buena recepción por parte del público, que sale “eufórico” de la sala.

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